martes, mayo 29, 2012

511. «El Matasiete» y los ejercicios de la memoria

En el transcurso de la huelga portuaria de 1903, los manifestantes intentaron tomar por asalto el edificio de El Mercurio de Valparaíso, producto de ello, desde las oficinas del diario se dispara hacia la calle. Siete personas mueren.

Debido a estos hechos surgirá una nueva publicación periódica en Valparaíso: El Matasiete, un «modestísimo periódico de agitación obrera», señala Raúl Silva Castro. Su título da cuenta del mote con el cual algunos comienzan a referirse a El Mercurio de Valparaíso, luego de su participación en la huelga de 1903.

El periódico es fundado por Juan Luis Jerez. Sus páginas se reproducen en la imprenta El Deber, ubicada en calle Las Heras. Según Joaquín Edwards Bello, este libelo –en sus palabras– apareció al día siguiente de la jornada de violencia vivida en las calles de Valparaíso. Sin embargo, la exactitud de dicho dato nos parece, a lo menos, discutible. De hecho, Jorge Iturriaga precisa que la publicación se inicia a fines de mayo.

En este periódico obrero colaboraron algunos intelectuales y escritores, como Carlos Pezoa Véliz, quien, en la edición número diecinueve de El Matasiete, correspondiente al 22 de septiembre, publica su poema «Vida de puerto», aquel que dice:
De la English Company hay pelambres:
dicen que a bordo se pasan hambres
almuerzo papas, cena frejol;
al otro día papas con coles
y vuelta y vuelta con los frejoles
y con las cenas de papa y col.
Armando Donoso va un poco más allá, y sostiene que Pezoa Véliz redacta El Matasiete, «un periodicuelo virulento, apasionado, ingenioso...», precisa. Silva Castro señala que el poeta colaboró en este periódico solo durante el mes de mayo de 1903. Por su parte, Julio Iglesias Z., afirma que es en el mes de junio cuando Pezoa Véliz es invitado a colaborar en esta publicación, por los poetas Víctor Domingo Silva y Zoilo Escobar.

Precisamente el hermano de Víctor Domingo Silva, Jorge Gustavo, publica en 1903, luego de la huelga, el opúsculo ¿Existe en Chile la cuestión social?, que recoge una conferencia suya dada el año anterior en el Ateneo de la Juventud de Valparaíso; considerando lo ocurrido en las calles de la ciudad, la pregunta adquiere ahora un leve tono irónico. Junto con ello, Silva también comienza a colaborar en las páginas de El Matasiete.

Luego de los muertos en el asalto a El Mercurio de Valparaíso, el diario morigeró su postura hacia los huelguistas. Así, dos días después, el 14 de mayo de 1903, el periódico señala que la huelga era un «derecho sagrado» y que las compañías fueron tercas al resistirse al arbitraje. Meses después, El Matasiete, en su edición del 18 de agosto de ese año, se refería a ese cambio en la postura del diario mediante los siguientes versos:
Diario canalla y rastrero
que de usura haces alarde
ya no insultes al obrero
como ayer, torpe y cobarde.
Te humillas, le haces la pata,
cubriéndote de baldón
y le ofreces generoso
«en crónica una sección».
Tarde, muy tarde has venido
de rimbor ruin, a cambiar
y al pueblo, diario mezquino
pretendes engatusar...
El 12 de mayo de 1904, el periódico presenta el subtítulo «edición especial en homenaje a nuestras víctimas», no se precisa más, ni siquiera sus nombres, como si ello no fuese necesario.

El primer artículo, titulado «In Memoriam» cumple las funciones de una editorial, y está redactado desde la perspectiva del «matasiete», esto es, de El Mercurio de Valparaíso, en un pretendido ejercicio de humor negro.
¡Hace un año! Parece que fuera ayer. Hace un año que a las puertas de nuestra oficina caian unos cuantos facinerosos que pretendian asaltarnos; así lo supusimos.

Nuestras carabinas y nuestras punterias no tuvieron resistencia entre aquella masa de pueblo que solo hoi comprendemos que pedia algo justo y al que atacamos duramente desde nuestras columnas por medio de nuestra pluma, primero, a bala despues.

Nos queda sí el consuelo de que solo fueron siete los que cayeron; hubiéramos deseado más, porque así hubiera sido mas grande nuestro arrepentimiento y el torrente de sangre no se hubiera secado tan luego a nuestra vista.
Esta edición especial incluye también una carta abierta a Luis Emilio Recabarren, encarcelado en Tocopilla. El texto busca continuar el tono del anterior, y es redactado a modo de chanza.

Además, se rinde un homenaje al contraalmirante Arturo Fernández Vial y al diputado Guillermo Plummer de Ferari, por sus esfuerzos en evitar que aumentaran los enfrentamientos callejeros el 12 de mayo de 1903.

Fernández Vial mantuvo una actitud dialogante con los trabajadores, en los días previos a estos hechos. Respecto del diputado Plummer, Mario Garcés señala que él, junto al intendente de Valparaíso y otras personalidades, se dirigió a la multitud señalando: «prometemos solemnemente al pueblo, todos nosotros arreglar dentro de una hora de plazo, sus dificultades: pero por la patria, por la libertad, deténganse un momento». La única respuesta fue una avalancha de gritos y, entre ellos, uno que decía: «Es tarde, es tarde ya para engañar al pueblo».

El director del periódico, Juan Luis Jerez publica en esta edición de El Matasiete un ardiente poema titulado «Al pueblo», en el cual realiza un airado homenaje a las víctimas obreras de la huelga.
Recordemos ciudadanos
Que hoi hace un año cabal
Que el despotismo brutal
Ultimó a nuestros hermanos.

(...)

Hasta hoi la leal esposa
Llora a su esposo ultimado
Y el huérfano abandonado
Jime en miseria espantosa.

Y a los cínicos culpables
De esa atroz carniceria
¿Les remoderá hoi en dia
Su conciencia miserable?
Son solo cuatro páginas, y pareciera que es el único ejemplar que ha logrado conservarse hasta hoy en la Biblioteca Nacional, pero es suficiente para adentrarse en los sentimientos que perduraron en varios porteños, luego de 1903 y, junto con ello, para comprender un nombre que, de tiempo en tiempo, emerge desde la porfiada memoria.

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sábado, mayo 26, 2012

510. Manuel Rodríguez y los trabajos de José Carocca Laflor

Existe una comuna en Santiago que posee dos bustos sobre Manuel Rodríguez, ambos poco conocidos. El primero de ellos se encuentra en la intersección de las calles Allende con E. San Martino, y se registra en la Cartografía Cultural del Chile [1]. Este busto se encuentra en la comuna de Quinta Normal, en una pequeña plaza de dicha comuna.

Busto a Manuel Rodríguez en Quinta Normal.

La obra presenta la conocida imagen de Manuel Rodríguez representando a los «Húsares de la Muerte», con pañuelo de montonero al cuello. En su parte inferior se aprecia un bajorrelieve que muestra la escena en la cual Rodríguez le abre la puerta de la calesa a Marcó del Pont. En el pedestal se aprecian las antiguas huellas de la existencia de una placa, hoy extraviada.

Detalle del mismo busto.

Además, en esa misma comuna, existe otro busto de Manuel Rodríguez, en la 1ª Compañía de Bomberos de Quinta Normal, «Bomba Manuel Rodríguez Erdoiza», fundada el 25 de julio de 1942. En este caso, el busto fue realizado por el escultor José Carocca Laflor: su firma se aprecia con toda claridad en la parte inferior del busto. Un poco más abajo se aprecia el escudo nacional en bajorrelieve y, luego, la leyenda «Aún tenemos patria ciudadanos».

Busto de Manuel Rodríguez, realizado por José Carocca Laflor,
ubicado en Quinta Normal.

Curiosamente, este escultor es más conocido por su obra referida a Bernardo O’Higgins [2]. Sin embargo, la producción de este escultor fue tan prolífica, que no debería extrañar el hecho de que también haya realizado algunas representaciones de Manuel Rodríguez.

En efecto, según señala Sergio Zarricueta, en su libro José Carocca Laflor: el hijo desconocido, el escultor también diseñó y creó medallas, botones, insignias, trofeos y placas conmemorativas, además de estatuillas que se entregan a modo de reconocimiento. La figura de Manuel Rodríguez estaba incluida en estas últimas, pero no hemos encontrado mayor información al respecto.



Según el diario La Nación, esta imagen correspondería a una estatuilla que representaba a Manuel Rodríguez y que, hacia mediados de la década de los años ochenta, se encontraba en el Museo del Carmen. No la hemos podido localizar, ni tampoco identificar su autoría.

Al mismo tiempo, Zarricueta señala que existe un busto de Manuel Rodríguez, realizado por Carocca Laflor, en la comuna de La Cisterna, en Santiago [3], algo que no hemos podido verificar aún.


[1] Ministerio de Educación. División de Cultura, Cartografía Cultural de Chile: directorio, Santiago, Ocho Libros Editores, 1999, 467 p.
[2] Véase al respecto: Celeste Luego Ramírez, «Apuntes sobre los monumentos al libertador Bernardo O’Higgins ejecutados por el maestro José Carocca La Flor», Revista Libertador Bernardo O’Higgins, año IV, número 4, 1987, pp. 133-140. Véase además, G. L., «José Carocca, un artista admirable», En Viaje, nº 338, diciembre de 1961, pp. 42-43; Medardo Cano Godoy, «Don José Caroca L.», Atacama, Copiapó, 26 de noviembre de 1985, p. 3.
[3] Sergio Zarricueta Astorga, José Carocca Laflor: el hijo desconocido, La Serena, s. e., 2010, pp. 8; 30.

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jueves, mayo 10, 2012

509. La pérdida del hijo: Achao

(La fotografía de arriba fue realizada por Patricio Salas)

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domingo, mayo 06, 2012

508. Revistas literarias chilenas: «Escrito en el exilio»

Escrito en el Exilio lo compré, según me parece recordar, en el Centro Cultural Mapocho, cuando este estaba ubicado en el tercer piso de un edificio que estaba en la intersección de la calle Victoria Subercaseaux con la Alameda. En realidad, no podría asegurarlo con certeza.

Pareciera que tuvo la intención de continuar en el tiempo, de ahí la indicación de «Nº 1», sin embargo, pareciera que ello nunca ocurrió. De hecho, en la descripción bibliográfica que se hace de esta publicación en la Biblioteca Nacional, solo aparece mencionada esta edición.

Fue realizada por la Sociedad de Escritores de Chile, el año 1984, como un aporte de dicha entidad a la 2° Feria Cultural del Exilio, realizada en agosto de ese año. Una edición ocasional, entonces.

La vuelvo a hojear y me doy cuenta de cómo se grabó en mi memoria el cuento de Poli Délano, sobre todo su abismante final. En el ejercicio, me dejo llevar nuevamente por el humor de Fernando Alegría en su cuento.

En estas páginas se encuentran también tres poemas de Gonzalo Millán, que se presentan como parte de su libro inédito los Seudónimos de la muerte (el cual se publicará ese mismo año, en Santiago, por Ediciones Manieristas). Se cierra la publicación con un poema de Omar Lara. Cuento y poesía, desde el exilio hacia el interior del país. Letras que leía con cierta avidez, recuerdo.

A pesar de la escasez de recursos (solo diez páginas, corcheteadas) el uso del color (azul en todas las páginas) logra darle un aire de prestancia a esta ¿revista?

Existen otros detalles que llaman la atención. Las menciones biográficas, por ejemplo: brevísimas. De Poli Délano solo se indica su fecha de nacimiento. De Omar Lara, nada. Da la impresión de que se asumía que todo aquel que accediera a esta publicación conocía algo de la vida y obra de estos autores. Ello, y considerando la entidad que aparece como responsable de la edición, da algunas pistas en relación al público al cual estaba dirigida, así como su difusión y distribución.

Aquí queda, entonces, para los interesados, la primera y única edición de Escrito en el Exilio, en formato PDF. Dos cuentos y cuatro poemas, «de aquellos años», como dicen los abuelos.


¿QUÉ ERA LA FERIA CULTURAL DEL EXILIO?

Algunos datos al respecto se pueden conocer en una edición del Boletín de Prensa El Siglo, nº 43, del 11 al 17 de agosto de 1984 (el cual, evidentemente, circulaba de manera clandestina).

Allí se señala que este encuentra se realiza en Santiago entre los días 13 y 19 de agosto de 1984, y su propósito es «dar cuenta de las realizaciones y de la vida cotidiana de los desterrados chilenos en los países que los han acogido». La actividad la organizó el Comité Pro-Retorno de Exiliados y se desarrollaba en el contexto del «Mes del Exilio Chileno».

La Feria fue itinerante, y se realizó en el Sindicato de Trabajadores Telefónicos, la Parroquia Santa Bernardita, en la Vicaría Norte y el Sindicato de Trabajadores de Madeco.

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domingo, abril 15, 2012

507. Ángel Escobar nos habla


CIERTO FORASTERO

Aquí en Chile uno se vuelve antipoeta;
pero nunca llega a ser Nicanor Parra-
y nunca, nunca, nunca
tendrá una casa en La Reina.
Ve bustos de Neruda -
pero como tiene que tomar dos buses
para llegar hasta su aburrimiento,
y no tiene dinero, no los compra;
ni tiene, ni tendrá nunca, Cien sonetos de amor
para enamorar a una estudiante,
a una sola, que tenga deficiente en Castellano -:
ella, u otra, a lo mejor no saben si Huidobro
era descendiente del Cid Campeador;
pero seguro sabrán que tenía renta -
y él, nunca, nunca, nunca, pero nunca
tendrá una cosa ni la otra,
y, además, no escribirá Altazor -
lo que no es un detalle.
No verá los piececitos fríos que vio Gabriela Mistral -
ni tendrá el Nobel;
no se comerá tres vaquillas sentado en su leyenda
como Pablo de Rokha –ni sufrirá como él–,
ni tendrá El molino y la higuera, como Jorge Teillier.
Será, y no hay desmedro en ello, será, digo,
siempre un forastero.

* * *

OTRO POCO DE ANTIPOESÍA EN DOS PARTES

Primera

Porque soy de otros lares -
y feo como un mandato -
los chilenos me dicen cualquier cosa.
Las chilenas no me entregan su boca;
de Las hermosas no tengo ni un bocado -
claro que yo no soy Gonzalo Rojas;
pero ellas muy bien podrían darme un poco: -
aunque yo sea más feo que un mandato.
O qué paso con aquello de:
«Y verás cómo quieren en Chile
al amigo cuando es forastero».
Forastero no dice si hay que ser lindo o feo.
Y yo vengo, lo juro, de muy lejos.

Segunda

Entre todos los que hay,
quiero tomar un taxi:
ése, por favor, ése;
pero el chofer está dormido, es gordo, se despierta,
me mira con ojos de otro mundo, se estira,
y ni siquiera me contesta.
Qué pasa con esta democracia -
dan ganas de decir -
que uno no puede ni elegir un buen taxi:
ése, por favor, ése.

* * *

LA CONSPIRACIÓN DE LOS NECIOS

Juntémonos en tu casa el sábado.
Sí; tiremos cualquier cosa a las brasas -
aunque sea un hombre:
sí: volvámonos caníbales -
eso da prestigio y fama -
eso hace que uno deje un trazo
como hace el caracol sobre la tierra -
si es que la Tierra es algo.
No todos podemos ser próceres piadosos.
Juntémonos en tu casa el sábado.
Sí; fumemos bastante; fumemos de todo;
fumémonos el todo: hasta que nos dé cáncer -
el cáncer sí que es Creacionista -:
ahora mismo está haciendo que se pudra
la rosa en este problema.

* * *

DISCUSIÓN SOBRE EL POSMODERNISMO

Alabanza del politeísmo de Marquad.
La pluralidad de las narraciones, Lyotard.
La apología de lo efímero, Lipovetsky.
El pensamiento débil, Vattimo.
En la ironía de Rorty.
La multiplicidad de los discursos, Barthes.
Funcionalismo de la equivalencia, Luhmann.
«Que vivamos en más de un mundo», dice Blumenberg.

No, señor; no, señores -
a mí déjenme tomarme
tranquilo mi cerveza.
(patrocinan Innerarity,
El Mercurio de ese día,
y Óscar Galindo a través de Luis Ernesto Cárcamo).

* * *

UN CUARTO DE HORA

a Juan Carlos Cancino

Cruzó la cordillera clandestino -
como mi soledad, mi bulla y mi silencio.
Estuvo en la ciudad, en el mar y el desierto -
entró a un bar, vio una esquina, clandestino.
Tal como yo cometo estas palabras, hizo él
el acto que duró (a)penas veinte años. Luego,
su manera de aguantar él cree que es la función.
Le hago una anécdota apócrifa de Lenin escuchando a Beethoven:
«Qué música», dijo, «dan ganas de acariciar cabezas;
pero antes de acariciarlas habrá que cortalas.»
Le gusta o no le gusta. Me pregunta sobre
el posmodernismo. «Yo no soy un autor», le digo,
«sólo postulo mi alma.» Y le repito que Goldmann dice
que Derrida elabora una filosofía de la escritura
aún negando al sujeto. Él está sujeto a que no lo nieguen
en el acto; y no está triste, su compromiso por hoy
es la nostalgia. Ah, que un alumno escribió en una pizarra
de la Sorbona: «Las estructuras no se echan a la calle» -
mayo, 1968, París (también) con él se fue a la calle.
Fue una crítica evidente al estructuralismo no genético -
con posestructuralismo. (Seguimos) junto a un vaso
de cerveza, él, Marx, y yo que no Althusser de Marx;
pero prefiero a los Ibeyis, y él es hijo de Osain
–le recuerdo–
Cruzó la cordillera clandestino.

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martes, marzo 27, 2012

506. Pequeña contribución al delirio

Ahora que tanto triste agorero anda proclamando el fin del mundo, y existe un séquito de cerebros en licuefacción que lo acompaña, es bueno tomar de la biblioteca algo que otorgue perspectiva. Gonzalo de Berceo no es mala idea: releer las voces apocalípticas del siglo XIII.

La edición es de aquellas, de ese período de esplendor de algunas editoriales chilenas: la tipografía es de Mauricio Amster, la portada de Nemesio Antúnez. La Biblioteca Hispana era dirigida por Juan Uribe Echeverría, mientras que el prólogo, la versificación moderna y notas son de Clemente Canales Toro. Desde 1955 hasta ahora, la encuadernación intacta.

Tiemblen, entonces, pecadores, que el listado de culpabilidades es extenso:

A aquellos codiciones del dinero acuñado
que por ganar riqueza cayeron en pecado,
les llenarán las bocas con oro regalado.
Cuánto maldecirán el tesoro ganado!

Los malos operarios y malos labradores
allí habrán de dar cuenta de sus malas labores;
allí sancionarán a los falsos pastores
que fueron, del engaño, sabios encubridores.

A algunos eclesiásticos de vidas regaladas,
que viven en el vicio, tienen sucias posadas,
no les tendrán vergüenza las bestias enconadas
que les darán –de ofrenda– grandes aguijoneadas.

Los soberbios que roban a los pobres mendigos,
que les quitan los panes mientras beben sus vinos,
implorarán curvados como los peregrinos;
y los jueces venales tendrán el mismo sino.

Para los amantes de la música de las palabras, he aquí la versión original:

Los omnes cudiçiosos del aver monedado.
Que por ganar riqueza non dubdan fer peccado,
Metranlis por las bocas el oro regalado:
Dirán que non oviesen atal aver ganado.


Los falsos menestrales e falsos labradores
Alli darán emienda de las falsas labores:
Alli prendran emienda de los falsos pastores
Que son de fer cubiertas maestros sabidores.


Algunos ordenados que lievan las hobladas,
Que viven seglarmente, tienen suçias posadas,
Non lis avran verguenza las bestias enconadas:
Darlis an por offrenda grandes aguisonadas.


Los omnes soberbiosos que roban los mequinos,
Que lis quitan los panes, assi façen los vinos,
Andarán mendigando corvos commo ençinos;
Conteçerá eso mismo a los malos merinos.

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martes, marzo 20, 2012

505. Los fusilados de Luis Gómez Carreño

¿Cómo se recordarán las acciones de Luis Gómez Carreño luego del terremoto de 1906 en Valparaíso, desde otros discursos que no sean las memorias oficiales, decimonónicas? ¿Qué se habrá dicho de estos hechos en la prensa obrera de Valparaíso, por ejemplo? ¿Dónde estarán esas marginalias que le escriben los pobres a la gran historia?

Sería interesante indagar al respecto, y existen algunos indicios. Por ejemplo, Víctor Rojas Farías, en su Valparaíso, el mito y sus leyendas, recoge el testimonio de Alfredo Fajardo, un electricista porteño que, casi ochenta años después, recuerda estos hechos de la siguiente manera:
Lo malo fue que la ronda mataba gente que no tenía nada que ver con los ladrones. Si uno tenía un hijito enfermo, y partía a buscar que lo ayudaran, en la noche, y lo pillaba la ronda... ahí lo balaceaban. Murió mucha gente, fue lo peor...
¿Habrá sido así? Existe una manera en el decir que hace de este relato algo verosímil. Por otro lado, solo un mes después del terremoto, en la revista Zig Zag, se presenta un artículo que pretende ser una de las páginas cómicas de esta publicación. El artículo es una pretendida carta abierta, firmada por Seronimo Tapia y dirigida a su madre, Austina Muñó, en Camarico. El texto busca representar la voz popular, y respecto de los fusilamientos en Valparaíso, señala:
Me vine de Manpareiso por los afusilamientos; son a cada rato y cualquier ná lo amarran en un palo y le dan el bajo; too está botao pero no vaya alguien agarrar una cosa porque toavia no lo ven agacharse cuando lo afusilan, así que yo más bien me vine pa Santiago no juera ser que por una agachá me aujerearan el pellejo.
Por cierto, este texto no puede considerarse más allá de lo que es: un discurso satírico sobre lo ocurrido. Pero, a pesar de decir sin decir, de este enmascaramiento, de sus limitaciones, nos deja otro indicio sobre lo ocurrido en agosto de 1906 en Valparaíso.

Por otro lado, Osvaldo Arias señala que el diario demócrata La Reforma, de Santiago, dirigido por Luis Emilio Recabarren, al referirse al terremoto de Valparaíso, «justifica el fusilamiento de los malhechores probados, pero protesta que la justicia militar haya extremado su rigor con los obreros y que el gobierno haya tenido consideraciones solamente para con las personas pudientes, en el traslado de damnificados a Santiago».

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